¿Cuidas bien de tu familia, verdaderamente?
Y tomó Jetro suegro de Moisés a Séfora la mujer de Moisés, después que él la envió, y a sus dos hijos… Y Jetro el suegro de Moisés, con los hijos y la mujer de éste, vino a Moisés en el desierto, donde estaba acampado junto al monte de Dios; y dijo a Moisés: Yo tu suegro Jetro vengo a ti, con tu mujer, y sus dos hijos con ella. Y Moisés salió a recibir a su suegro, y se inclinó, y lo besó; y se preguntaron el uno al otro cómo estaban, y vinieron a la tienda. Y Moisés contó a su suegro todas las cosas que Jehová había hecho…” Éxodo 18:2, 5-8a.
El texto es revelador, pero no extraño en la vida de muchos líderes y hombres sobresalientes en todo el relato bíblico. En resumen: excelentes “hombres de Dios” pero malos esposos, padres e incluso hijos. No se sabe en qué momento la familia de Moisés se convirtió en un estorbo para cumplir con su servicio a Dios. Lo que si queda claro es que se los devolvió a Jetro, su suegro, por una temporada. Con la excusa de servir bien a Dios, se termina rompiendo con un principio bíblico fundamental: “la familia primero”.
Es un problema sutil que no nos es ajeno hoy. Se sabe de grandes líderes eclesiásticos con mucho poder de convocatoria, admirados en público, pero que, en sus hogares, en el seno de sus familias donde realmente los conocen sin el antifaz del ministerio, nadie quiere estar cerca y menos imitarlos. Las victimas inmediatas… su esposa e hijos. Esto explica por qué existe una nueva generación de hijos de ministros que no quieren saber nada del ministerio o del servicio a Dios. Es la verdad oculta a voces. Si este era el caso de Moisés ¿que se espera de mí?
No se trata de simplemente reconocer que algo en la familia anda mal o creer que el ministerio es así. Se trata de ser intencional al establecer el equilibrio entre el servicio a Dios y mi amor a la familia. Es ser proactivo en la familia para no ver todo desmoronarse.
Somos expertos en realizar seminarios para parejas, crianza de los hijos y demás. Al mismo tiempo, no somos coherentes. Los menos interesados en participar en actividades de varones, ministerio de familias, seminarios de parejas somos, precisamente, los pastores. No reconocemos que las personas más necesitadas somos nosotros los ministros de Dios.
Nos asaltan diferentes temores que nos van aislando y, curiosamente, nos hacen más vulnerables. Es aquí donde toma fuerza el eslogan de DPP/MAPI: ¡solito no! Es de valorar el inmenso aporte de los grupos de apoyo para pastores y conyugues. En ese contexto, podemos mostrar nuestros pies de barro, donde estamos libres de juicio. Allí, poco a poco, se van fortaleciendo amistades que tendrán una palabra de aliento y un hombro donde llorar.
Busquemos establecer el equilibrio con esta consigna en la mente: “¿De qué aprovecha ganar el mundo entero si se pierde mi familia y, de paso, yo también?”
Edgar y Myriam Torres,
Familias ministeriales DPP
Otto Rodríguez, coordinador de Pastoreo de Pastores DPP

Muy buen comentario respeto a la atención de la familia y la relación ministerial